Martes, 8 de Enero de 2008
Por Susana Gómez Granell
Ganadero: enemigo público número uno
En eso nos hemos convertido los ganaderos en España, en los criminales más perseguidos por las fuerzas del estado. Hemos de demostrar absolutamente todo: que tratamos bien a los animales, que les damos una muerte digna, que tenemos un control veterinario, que somos respetuosos con el medio ambiente, que llevamos una buena gestión de nuestra explotación… En definitiva, que tenemos que demostrar que merecemos el pan que nos comemos.
Nadie cuestiona si los funcionarios del estado se ganan día a día su sueldo. En todo caso se les sigue pagando religiosamente mientras nadie diga lo contrario ni la queja llegue muy alto.
Sin embargo, entras en cualquier oficina del MAPA a tramitar subvenciones, que supuestamente te dan a cambio de no cobrar lo que vendes al precio real que te cuesta de producir, con la sensación de que eres un ex-convicto en una revisión de la condicional. Como un sospechoso de asesinato sin abogado que le defienda los derechos en el interrogatorio.
Con el DNI en la boca, convencido de que en los cien papeles indescifrables que llevas en la mano habrá alguna cosa que estará mal y que tendrás que hacer otro viaje. Eso si la normativa no ha cambiado en las últimas dos semanas y los formularios correspondientes han llegado a la oficina en cuestión. Que cuando los políticos crean una nueva normativa publicitando ayudas y protección del mundo rural, tú agachas la cabeza y esperas la colleja pensando aquello de “Virgencita, que me quede como estoy”. A veces vas a solicitar una guía para matadero y acabas teniendo la molesta sensación de que el que va a sacrificio eres tú.
Hasta tal punto ha llegado esta locura, que en estos momentos, si te pillan transportando ganado sin tener los cursillos y las autorizaciones correspondientes, te es más rentable decir que lo has robado antes que confesar que te falta un papel. Un ladrón recibe seguro mejor trato que un ganadero con problemas de gestión.
Si talas un árbol sin permiso vas a la cárcel, si golpeas a tu mujer en plena calle, orden de alejamiento. Si aparece un cadáver en extrañas circunstancias en tu granja, procura que sea de un ser humano, porque como sea de uno de tus animales vas listo. Está muy bien, hay que tener un control.
Llegado este punto, y cuando se hace la hora de comer, los funcionarios se marchan al bar de enfrente, donde comen sopa de pollo, cordero y ensalada a siete euros el menú. Si alguna vez se detuvieran a pensar (como todos los trabajadores allí sentados) se darían cuenta de que en comparación con la carnicería de la esquina, si la carne que se comen fuera española aquel precio sería inviable. Pero no hay que pensar, hay que buscar la comida más barata.
Y engullen sin remordimiento el pollo filipino (congelado cuando la crisis de la gripe) a euro el kilo de muslos, y el cordero argentino a dos euros la paletilla (alimentado con soja transgénica y con productos prohibidos en Europa) y los espárragos de China, que como serán, que resulta más barato pagarles el avión desde allí que desde Navarra. Y se pasan por el forro la seguridad, higiene, calidad y bienestar animal de lo que se están comiendo.
Y el mismo pensionista que no compra pollo ni ternera ni loco cuando lo bombardean por la tele con las crisis alimentarias, hundiendo así al ganadero nacional por obra y gracia de la publicidad, se sienta seis meses después en la mesa del restaurante contratado por el viaje comercial de turno, encantado por lo barato que le ha salido, y se come el pollo congelado de importación, como si no existieran congeladores, camiones frigoríficos y grandes empresas de la distribución, capaces de llegar, gracias al gasoil que derrochamos, hasta el último rincón de nuestra España más profunda. Y los padres de familia, que le compran al “nene” el Mp4, la videoconsola, el móvil de última generación y la cámara digital a precio de oro, cuando la mayoría de estos productos llevan un coste de producción, materia prima y mano de obra escandalosamente desproporcionado en comparación con su precio final, esos mismos padres son capaces de regatear hasta la muerte con el precio del menú escolar, donde la calidad se mina descontando céntimos de euro y milésimas de remordimiento y conciencia.
Y después, contentos por haber sido grandes financieros de la economía doméstica, cogen al “nene” y se van a pasar la tarde al centro comercial a comprarle ropa de marca a precios desorbitados, aunque la inteligencia les diga que la materia prima de lo que están adquiriendo no vale más de dos euros y en la etiqueta ponga “made in Taiwan”.
Y mientras tú vuelves a casa arrastrando los pies, pensando en cerrar la paraeta y ponerte a trabajar en una fábrica o en un campo de golf, y a los españoles que les dé de comer el estado cuando se acaben los agricultores y los ganaderos, y cuando la verdad, que de momento cuelga al sol como la fruta en nuestros campos, sin nadie que la recoja porque no vale dinero, caiga, madura por su propio peso.
*Ganadera y afiliada de LA UNIÓ de Caudiel
CONTESTACIÓN:
SEÑORA SUSANA GÓMEZ GRANEL:
Acabó de leer de manera casual una desafortunada nota suya que me ha indignado tanto, que, aunque fue emitida en enero, creo que merece una contestación contundente (más vale tarde que nunca).
Soy funcionaria de la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, hija, nieta, bisnieta, tataranieta (y así podría seguir seguramente hasta el principio de los tiempos) de agricultores y ganaderos, a los que me siento muy unida por razones de sangre y trabajo, y a los que les reconozco los problemas, y créame, los conozco de manera directa.
Lo que me indigna de su nota no es la defensa del gremio cuyos problemas me hieren tanto o más que a usted. Lo que me parece vergonzoso es que cargue contra los funcionarios de manera cruel, indiscriminada y demostrando un total desconocimiento de nuestros problemas, y queriendo dar a entender que la culpa de sus problemas la tenemos nosotros.
Está usted en un terrible error: a mi (como a usted) la normativa me obliga a cumplir una serie de pautas en mi trabajo, que aunque no sean lógicas, ni comprensibles, ni siquiera razonables, me veo obligada a seguir al píe de la letra, y no solo yo como Auxiliar Administrativo: también los técnicos y los veterinarios y toda la cadena funcionarial que acaba……¿sabe dónde? En los políticos que usted y yo elegimos democráticamente en las urnas. Reprócheles a ellos el problema de los precios de la carne, del combustible, del recorte de las ayudas de la CEE, de los trámites exigidos, pero no me haga responsable a mí, que estoy hasta las narices de que me llamen vaga, incompetente, e irresponsable, cuando no lo he sido nunca: ni cuando he trabajado en la empresa privada, ni cuando he trabajado en la empresa pública: siempre he tenido la conciencia tranquila porque hago mi trabajo lo mejor que puedo y sé, y tuve que demostrar que estaba capacitada para ello si quise empezar a trabajar en la Administración, y soy del todo veraz y realista si le digo que aprobé una oposición a la que puede presentar cualquier ciudadano europeo que posea un titulo de escolaridad y sea mayor de 18 años, y que le repito que obtuve mi plaza limpiamente, en condiciones de igualdad, mérito y capacidad con el resto de los opositores (condiciones establecidas en la Constitución Española, no sé si usted a oído hablar de ella), porque no tengo ningún tipo de “enchufe”, que es lo que nos llaman por sistema los renegados de este país a los funcionarios. ¿Se ha molestado usted en averiguar cuál ha sido la pérdida del poder adquisitivo de los funcionarios en los últimos años? ¿Se ha preguntado porqué todo el mundo quiere ser funcionario, pero cuándo ven el esfuerzo que supone, tiran la toalla?. Dos años preparando unas oposiciones de Auxiliar Administrativo, y pagando academia privada, y estudiando mucho, y al final lo conseguí, y por méritos propios.
Y para más INRI dice usted que comemos en el bar todos los días: serán los Altos Cargos y los políticos con complementos específicos que ni yo ni usted imaginamos. Yo desde luego no me puedo permitir ni comer de menú ni aunque me cobraran 6 euros por él: llevo en la administración 18 años (o sea que cobro 6 trienios que me son remunerados), he subido de nivel 5 veces, lo que supone que he tenido 5 subidas de sueldo “significativas” por obtener lo que los funcionarios llamamos “buenas plazas”, soy Jefe de Negociado (a nivel auxiliar administrativo, no se puede aspirar a nada más), y siempre he obtenido esas plazas por concurso de méritos en condiciones de igualdad, mérito y capacidad (¿recuerda “La Constitución”?) , y gano menos de 1200 euros limpios al mes. (¿Se imagina lo que cobra un auxiliar de nuevo acceso en una plaza de la Administración del Estado, que es la que peor paga?).
Me reprocha usted comprar las ofertas: señora mía, si no comprara así, no comería.
Ya me gustaría a mí poder comprar ternera de Ávila ( la mejor del mundo, por cierto) Alubias del Bierzo, garbanzos de Fuentesaúco, vino de Ribera de Duero, Chorizo de Cantimpalos o Jamón de Guijuelo (todos productos de agricultures y ganaderos de Castilla y León, y con una calidad inmejorable), pero no me lo puedo permitir de ninguna manera, y desde luego no me siento responsable de que usted tampoco pueda hacerlo. Y no me paso nada por el forro en lo que se refiere a la calidad y a la producción de lo que consumo en casa: sencillamente sé donde están mis límites económicos. Y tengo que vivir.
Usted si que se pasa por el forro mi derecho a que se reconozca mi trabajo, y se pasa por el forro la situación del pensionista que cobra menos de 600 euros al mes (pensiones que cobran, por cierto, muchos agricultores y ganaderos en este país) y que si un día puede comer por ahí después de toda la vida trabajando duro (parece que usted lo sabe mejor que nadie), aunque sea en un viaje del INSERSO, se lo tiene merecido, y no creo que tenga usted ningún derecho a responsabilizarle de la situación de los agricultores y ganaderos de este país.
Creo que está equivocada de base. Reflexione, que yo también podría pensar que los empresarios tienen la culpa de todos los males de este país porque estafan a Hacienda, manejan dinero negro, escatiman lo que pueden y más en todo tipo de impuestos y podría decir “son todos unos delincuentes sinvergüenzas”……podría decir que los agricultores y ganaderos han movido dinero negro en grandes cantidades y son unos estafadores, y se han acostumbrado a vivir de las subvenciones que pagamos en nuestros impuestos los funcionarios que no podemos escaquear nada en los impuestos, que han jugado con la salud de todos los españoles dando de comer piensos prohibidos al ganado e inflándonos a antibióticos y clembuterol en la carne, en la leche ¿No son unos asesinos?….!A qué jode!!!!.
Eso no es cierto, ya lo sé. Pero es muy fácil caer en el prejuicio cuando estamos renegados, hacerse eco de todos los TOPICAZOS aunque sean injustos y denigrantes, y acabar haciendo que paguen justos por pecadores. A VER SI REFLEXIONAMOS UN POQUITO, antes de echar las culpas de todos nuestros males a los que son un mero instrumento de los verdaderos responsables, QUE HAN SIDO ELEGIDOS POR TODOS.
Comentario por ROSA MARIA BLAZQUEZ GARCÁ