Birdland Jazz, cara y cruz
By Gabriel de la Mora on Dic 18, 2008 in General, Vida estudiantil, Salamanca | 0 Comments
A continuación comentarios extraidos del foro del famoso bar Birland Jazz.
¡¡Magníifico arquitectónica y decorativamente, lo mejor del BIRDLAND JAZZ BAR son sus vistas al exterior!!
Sin embargo, en su interior suceden episodios vergonzosos: esta tarde he visto cómo Madame Sheila cortaba el paso, faltaba al respeto, injuriaba, calumniaba y mentaba a la madre a un sujeto que ya se iba, y que respondió a la agresión primero callando y tratando de abrirse paso, y más tarde, a la mención de su madre, tirando el dedo de cerveza que quedaba en su copa (ni siqiuera la copa, sino su pobre contenido, es de suponer pagado y a disposición suya) contra Madame Sheila, cada vez más crecida y encolerizada, con su papel ensayado desde el prncipio, no receptivo, violento, independiente de la intención y la voz del ofendido, en escalada: mafioso.
Entre Madame Sheila y su ‘novio’ (¿para cuándo la boda?, prometo NO asistir) han derribado a suelo al agredido a base de empujones, golpes y otras malas artes, y allí hubiera recibido una paliza de campeonato, de no ser por una pareja que lo acompañaba, que logró protegerlo y evacuarlo no sin esfuerzo pero sin daño aparente, entre gritos de la Madame invitándole a denunciarla. ¡Curiosa interpretación de la ley y del derecho de admisión!
La escena ha sido apabulante y atemorizante, y desde luego no pienso poner los pies en el BIRLAND JAZZ BAR de nuevo. No idea de quién era el sujeto, quien por cierto se condujo de modo impecable en todo momento, antes, durante y después del episodio, limitándose a actuar protegiendo su integridad física y su persona. Yo hubiera llegado más lejos, invocando legítima defensa: ¡con qué gusto le habría dado a cada uno de los agresores su merecido! Pero todo ocurrió tan rápido…
El tipo, que acabó cuasiovillado bajo una mesa, tuvo la fortuna de ir acompañado por una pareja que repelió el ataque, tomó posiciones, le abrió un camino de retirada y le guardó la retaguardia, todo ello con notable eficacia.
BIRLAND JAZZ BAR para los establecidos, para quienes nos visitan con ánimo turista, para adolescentes con poder adquisitivo, para pandillas, para parejas… Actuaciones: que llenen el bar. Prohibido: lo que le salga de la neurona a madame sheila. Intereses: dinero, sexo, vivir de las rentas. En la barra, buen rollito, normalmente, de l@s kmrer@s, a quienes mm sheila tiraniza ,trata a patadas y manda lo que no paga.
No tengo pelas para comprar el bar (de momento); ésa me parece la mejor opción. Hay gente que las tiene que podría pensárselo; le recomiendo que espere, hasta que su valor se iguale con su precio, infladísimo a día de hoy. Ya lo dice el refrán: “Solo el necio confunde valor y precio”. Y tratamos de necios, necios propietarios de un local y un negocio magníficos crecidos tras la victoria judicial en nombre del copyleft. Conciben el bar como una vaca, o mejor, como una gallina de los huevos de oro:unbar de guiris, visitantes ocasionales, buen rollito juvenil (¡hay que ver qué niñas, nuevecitas cada año!), lugar de citas a 5 ó más,
un sitio al que echar un vistazo, buscando a alguien o no), bar de copas mayormente de doce de la noche en adelante… En el birdland hay, o había, muy altas posibilidades de encontrar un rollito. Con esto queda dicho casi todo.
Madame Sheila y su perruno noviete son jóvenes, comodones, están acostumbrados al dinero fácil y a la diversión, y tienen sus vicios fijos, que no detallaré por sentido de la elegancia,pero caros, muy caros. Por otra parte, carecen de la capacidad de pensar en términos de proyecto vital, de pensar mínimament en los demás, de pensar hipotéticamente, y yo diría que de pensar, a secas.
En fin, cada cual que mire dónde y a quién deja los cuartos, a quién concede poder y con quién anda. Yo, personalmente, no vuelvo por allí ni que me inviten, y pienso boicotearos: probaré con el boca-a-boca, 10 SMS y 100 e-mails desacreditándoos por el simple procedimiento de contar la verdad.
Mi abogado me informa que dicho boicot es perfectamente legal, no constituye amenaza sino notificación, y me asisten los derechos de libre pensamiento, expresión, información y difusión por cualquier medio de hechos reales merecedores de denuncia ante la Fiscalía correspondiente.¡Hasta nunca!
(¡vaya par de pájaros!)P.S: vuestro pretencioso libro de visitas es,por cierto, una mierda y media.
http://libros.miarroba.com/leer.php?id=31563&sort=&pagina=1
Conozco el Birdland desde que se abrió y me enamoré inmediata y locamente de él, y he podido comprobar que, con el paso del tiempo, casi (y este casi es crucial para entender lo que sigue), casi todo el mundo, decía, pasa por 3 fases en su relación con el local: deslumbramiento inicial; incorporación a la fauna habitual del lugar, con fijación de sede en el local como punto de encuentro o de destino, diversión a raudales, formación de grupos diferenciados de colegas, sexo disponible en abundancia y familiaridad con l@s diferentes camarer@s; el tercer momento es cuando hace acto de aparición sheila y lo jode todo.
En principio hay buen rollito, sonrisas, concesiones, rondas a las que invita la casa, detalles… Se le hace (buena) publicidad al bar, en una localidad donde funciona muy bien el boca-a-boca: el local es caro, siempre lo ha sido, pero no hay más que verlo y echar la noche allí para olvidarse de eso (al menos hasta el día siguiente), tú vete y me lo cuentas; y mientras tú te sientes bien llevando allá a la gente, con ese plus de autoestima que proporciona que quien te sirve te llame por tu nombre (¡qué buen rollito y qué majos todos!) y ser reconocid@ y saludad@ por alguna peña cuanto más excéntrica mejor, sheila observa, suma, resta, multiplica, clasifica (con poder adquisitivo demostrado y relaciones convenientes/otros), envidia, se mosquea, se pasea con aires de señora del cortijo, se compara, sufre (está claro que el palurdo de su novio no sabe ni follársela como dios manda, o que hasta a él le dan asco sus volúmenes y recovecos, lo que impide no ya el acto en sí, sino las ganas mismas de practicarlo o incluso de pensar en ello), sufre mucho viendo divertirse (bien) a l@s demás mientras ella sirve (mal) detrás de la barra, coge ojerizas caprichosas a cierta gente, se emponzoña, vuelve del baño moqueando y haciendo gestos raros con la boca, y a partir de ahí es muy muy fácil que empiece el espectáculo, que se la líe a alguien,
normalmente un mindundi o una camarera mindundi, haciéndose la ultrajada, buscando la boca mejor que una pescadera, reclamando protagonismo y zanjando la cuestión de modo enérgico y categórico (como habrá visto que hacen las jefas de las películas y la tele), dejando que los lacayos, chivatos, borrachos y demás escoria que forman el (ilegal) cuerpo de seguridad del bar se las entiendan con el o la caíd@ en desgracia. El tratamiento es rápido, muy agresivo y no tiene, una vez que sheila ha convocado a su jauría y dado voz de caza y orden de ataque, vuelta atrás: se rodea, inmoviliza y derriba al suelo al sujeto, se le dan unas cuantas patadas de las que duelen, si es preciso en la boca, para que no grite llamando la atención o pidiendo auxilio, y lo encaminan a la pronunciada y peligrosa escalera como si estuvieran ayudando a evacuar a un borracho. Según el estado de la víctima, lo acompañan a empujones y golpes hacia la salida, por tramos de escalones de vértigo, por los que he visto rodar más de una vez a personas sobrias y ágiles; para agilizar las cosas y evitar resistencias y escándalos innecesarios, se puede bien lanzarlo escaleras abajo, bien arrinconarlo y oxtiarle a base de bien, hasta que se calle de una puta vez y pueda ser expulsado, como ha querido sheila y a esas alturas del correctivo también debe estar queriendo el pobre diablo, al que sin embargo se sigue atosigando y coceando hasta la misma acera. Sheila sufre, pero ya un poco menos: es esa clase de persona que disfruta con el mal ajeno, que cree que los demás le roban su alegría, la parte de alegría que debería corresponderle a ella, como si la felicidad fuese una especie de pastel, pero esto es ya meterme en profundidades… A mí estas personas que utilizan a otras personas para hacer daño a otras personas me repugnan, y como a mí, creo que a la mayoría de la gente. A la vez que yo, dejaron de pisar por allí bastantes personas decentes que vieron y/o creyeron: ¿cómo dejarnos el dinero en semejante cueva de ladrones fascistas farsantes engañabobos practicantes del terrorismo hostelero
de los que 1º disparan y después preguntan
que saben de arte una mierda
salvo que atrae público y eso en caja se nota.
Y colorín colorado, este cuento, que es de verdad, se ha acabado, porque así siguen las cosas en el birdland (prestad oído, preguntad, pasadlo) y así seguirán (creéroslo), mientras crece el número de renegados que, discretamente, hemos ido encontrando otros lugares apetecibles y
auténticos, y al birdland de sheila y compañía: ¡Que le den!
¡Que se hundan en su propia mierda!
¡Que mueran de éxito!
Animo a la gente a denunciar prácticas gangsteriles en el birdland.
Por mi parte, no quiero acordarme ni de dónde estaba. Con la gente desgraciada que hace desgraciada a los demás, mejor cuanto más lejos, mejor está olvidada, mejor si no hay otro rencor duradero que el suyo, pues odiar así debe ser espantoso. En mi vida, ambiciono satisfacciones más sanas y bienhechoras: hacer feliz al hombre que amo, o ser feliz de amarlo, o ser amada por un hombre feliz, o ser feliz y punto.
Muchas cosas aprendí yo en el birdland…
arantxa
El BIRDLAND JAZZ BAR es, sobre todo con buen tiempo, un lujazo, uno de los bares más bonitos y originales de España.
En mi caso, hay que añadir a esa consideración el valor sentimental de los recuerdos que en mí evoca, recuerdos de tiempos mejores, recuerdos de amig@s, de risas, de ligues, de conversaciones interminables así pactadas sobre lo humano y lo divino, de fiesta y diversión, recuerdos en definitiva de mi placentera primera juventud, de mi optimismo, de mi despreocupada alegría ante la vida, de mis sueños, de aprender a confiar en mí mismo, del formidable torrente de energía que genera, transmite y provoca un cuerpo joven recién estrenado, con varios extras la mar de interesantes, de la sed de aventuras y conocimiento, del placer de lo imprevisto… Durante dos periodos de tiempo he sido habitual del bar: el birland fue mi segunda casa, y la de mi gente. De la primera etapa guardo buen recuerdo, cierto trimestre final de curso…, claro que andaba enamorado. He comenzado por exaltar las cualidades positivas del birland por si acaso el censor sólo lee el principio del mensaje, y se lo cuelo. Porque no quepa duda de que lo suprimirán en cuanto se percaten de qué va, igual que uno aparecido ayer, que ponía en evidencia al bar o mejor a su dueña, la siempre eficaz profesional y notable relaciones públicas, como es sobradamente sabido, a uno y otro lado del tormes y de la barra: miss sheila, que no requiere mayor presentación. Se ha dicho de ella que sus maneras son tan autoritarias que, además de dar órdenes a su personal, pretende dárselas a los clientes. Esta confusión
de concepto, no sólo de palabra, es por sí sola aberrante. Añadámosle que imparte órdenes confusas, contradictorias, al buen tuntún, perjudiciales, peligrosas, irreflexivas, incoherentes y/o de imposible cumplimiento; que no reconocerá jamás un error; que es propensa al trato denigrante y humillatorio de subordinados y pringaos en general (”pringao”: cliente caracterizado por no tomar demasiado rápido lo demasiado barato, lo cual no puede ser indicativo de nada bueno, y sí en cambio de defectos tales como la pereza, la avaricia, la drogadicción, la pobreza, la imprevisión, las enfermedades mentales y el dispendio; que basándose en suposiciones equivocadas, injustas, peregrinas o manifiestamente falsas como las anteriores, ¿qué no será demostrable y de qué no?; que entra mucho al baño a empolvarse la nariz; su lema: yo-mí-me-conmigo; que dispone de antenas muy perfeccionadas para detectar Dinero, su Dios; y que carece por completo de escrúpulos, mandaría matar y mataría sin dudarlo un instante y acaso hasta con gusto.
Yo fui testigo hace unos meses de un abuso similar en la persona de otro cliente, algo achispado, es cierto, pero poco o nada conflictivo; lejos de recibir la ayuda necesaria, primero se le acorraló, insultó, golpeó, derribó y pateó a placer por algunos de los sicarios de sheila, que dirigía el operativo sin ningún disimulo.
Luego mueren jóvenes a manos de los gorilas de discoteca y hay quien se extraña..
En fin, si más gente ha visto o soportado este tipo de agresiones, por favor, denuncie o póngase en contacto conmigohttp://libros.miarroba.com/leer.php?id=31563&sort=&pagina=1
Este es el anticipo para situarse. Ahora la última historia conocida sobre esta mujer, a la que el dinero fácil y los vicios caros le deben estar afectando la cabeza, pues todavía tiene la desfachatez de llamar sinverguenza a la última camarera que ha tenido la valentía de denunciarla, aunque sólo sea en Trabajo, donde hacía 18 años que no le hacían una inspección, por lo visto. Así va el país, matones, mafiosos, delincuentes sueltos, cuyo afán de lucro y vicio no tiene ni límites policiales, pues no se sabe aún que ningún policia honrado haya pisado por allí, a ver qué se cuece. Sabe Dios por qué.
Esta es la última historia
Hola! me llamo Alma y por lo visto soy esa última camarera. Primero quiero decir que nunca jamás he tenido ningún problema con mis jefes, que de hecho de mis ex-jefes conservo hoy por hoy una buena amistad. Os voy a contar como empezó la cosa, un amigo mio había trabajado para Sheila en diferentes ocasiones y yo necesitaba un trabajo y ella necesitaba una camarera de confianza, de esta forma empezé en esta gran familia que es el Birdland. En realidad no sabía donde me metía, de haberlo sabido jamás hubiera aceptado el trabajo. Me encontre con una jefa, irrespetuosa con sus empleados, informal de palabra y obra y completamente autoritaria, creyéndose con la razón en cada cosa de las que te dice (muchas de las veces dichas a voces), que no te deja ninguna posibilidad de diálogo ni de intercambio de opiniones, ya que la única que cuenta es la suya y se esfuerza para que su voz sea la más alta y la más grave.
Por suerte sólo iba a quedarme un par de meses, sin embargo a mi no me gusta trabajar a disgusto, y no por el trabajo, porque el trabajo me gustaba, si no por esa incertidumbre constante a causa de Sheila. No soy una persona que me conforme con lo que viene, y creo que si las cosas se pueden hacer mejor siempre hay lugar a una buena crítica constructiva, sin embargo con esta señora apenas se puede hablar si no le estás bailando el agua, por tanto y viendo mi incapacidad para cambiar mi situación me decidí a denunciarla ante las autoridades.
Desde entonces, bueno más bien desde que ella se entero que la denuncié, gracias a Dios yo ya no estaba trabajando en ese bar, porque con semejante historial cualquiera se mete con ella en su propio terreno. Bueno pues desde entonces ella y su secuaces intimidan a mis amigos y a mi. Mi amigo, el que me consiguió el trabajo, por aquellas fechas, estaba exponiendo en su bar, ya que es un fantástico ceramista además de una gran persona, y ella (aunque tb era su amigo aunque supongo que menos) sin ninguna explicación faltó de nuevo a su palabra y le hizo quitar la exposición, cuando éste no tenia nada que ver, por supuesto, con mi decision de denunciarla. Me consta que enviados suyos han estado intentando averiguar cosas sobre mi. Y por supuesto, ni mi amigo, ni yo, ni nuestros respectivos amigos somos ya bien recibidos en el bar, a lo mejor nos reciben con una paliza, como a otros, quien sabe.
Bueno pues hoy por fin me ha pagado lo que me debía y he recibido mi contrato, no sin llevarme una bronca desorbitada de una Sheila desorbitada que me decía que lo había planeado todo desde el principio y que quería joderla, que lo había hecho para cobrar el paro y demás, pues desde aquí, le digo a esta señora (aunque no se merece el apelativo) que no puede estar más equivocada, que si la he denunciado ha sido por su total incompetencia para tener nada (el bar) ni a nadie (empleados) al cargo, de hecho ni siquiera puedo cobrar el paro como ella cree, de todas formas, creo que no tengo que justificarme demasiado, sólo he pedido lo pactado, esperaría sin embargo que sirviera de lección y que a partir de ahora empezara a tratar a sus empleados como personas y no como a ratas, que es de auténtica vergüenza, pero bueno, reconozco que es tarea ardua y difícil dado que ella siempre tiene la razón. Y recordar que ni siquiera he cobrado lo que la ley me permitía cobrar, pues si hubiera querido joder, (casi me arrepiento de no haberlo hecho tras aguantar sus voces de dóberman), lo hubiera tenido tan fácil como pedir que me pagara exactamente todo lo que su gestor y ella me han hecho firmar, mucho más de lo que en realidad he recibido. Porque además su gestor y abogado, que por cierto tuvo que sacarla de la sala de las voces que pegaba, lo más probable es que la aconsejara que pagara esas cantidades, que por ley, tendría que haber pagado, y yo me he negado a cobrar. Pues bien sabe su abogado que en un juicio y ante un juez esa señora habría tenido que pagar muchísimo más dinero, además de las indemnizaciones correspondientes.
Además le han puesto una multa de 1000€ por sus irregularidades (que más tenía que haber sido). Me alegro de no tener que verla más ni escucharla más ni volver a ir a su super bar altenativo guay, que intenta serlo pero no es más que lo que habeis leido aquí. Un engaño.
Pues efectivamente, todo lo que Alma dice es cierto, pues yo estaba presente. Tanto que incluso me he tenido que levantar para pedir a la tal Sheila que dejara de insultar e intentar acojonar a Alma, mi novia. Tan agresiva se puso ante mis palabras que lo primero que dijo es que cómo me llamaba. Se pueden uds imaginar para qué querría saberlo. Pero no me importa. Porque es una delincuente. Cuatro delitos. Delito contra Hacienda, contra los impuestos de todos los que lo pagan (ella pocos), delito contra la Seguridad Social, contra todas las pensiones y prestaciones de desempleo de los ciudadanos (se ve que ella poco los necesita), y delito contra los derechos de los trabajadores, pues esta pobre muchacha estaba trabajando sin contrato como muchos otros antes, con salario por debajo del mínimo legal, con horarios escandalosos y por supuesto sin pagas, etc. etc. Aunque lógicamente lo peor de todo es el trato vejatorio y las conductas de tal personaje. Es decir, delito contra la dignidad y el honor de las personas, por abuso de poder. Y el último esta mañana, delito (en realidad falta) de amenazas.
Una delincuente en toda regla, Sheila, la hija del dueño del Birdland Jazz de Salamanca. Lo siento por sus padres.
pd. Where is the police?
