Pues eso me gustaría saber a mí, qué pasa con las zonas semiáridas. Alemanes, franceses, y americanos del norte y el sur disfrutan por lo general de unos climas benignos para la producción de pastos, forma más barata de producir carne y leche. Estas buenas condiciones de humedad y temperatura hacen lógico el interés por sistemas de aprovechamiento pascícola, en especial en Europa, donde el factor tierra es bastante más costoso. No nos ha de extrañar que los sistemas intensivos surgieran precisamente en el corazón del viejo continente.
Sin embargo las zonas semiáridas no tienen tanta suerte en la producción pascícola, y por ello han seguido caminos dispares. Una relación escueta e incompleta pudiera ser: Australia, Sudáfrica, la España seca o las zonas intermedias entre la Patagonia y la Pampa húmeda argentina. Zonas de estepa o de dominancia de bosques semiáridos, el algarrobo y el caldén en Argentina o la encina en España y Portugal, por ejemplo.
Estas zonas se caracterizan por tener estaciones climáticas bien definidas, en las cuales se producen fenómenos de sequía y frío que limitan las estaciones de pastoreo severamente. Como contrapartida, al menos en las zonas arboladas, existe el aprovechamiento del bosque, ya sea el pasto frutícola en el invierno (chaucha del caldén o bellota de la encina), o el ramoneo de las hojas, por la posibles podas.
Así por ejemplo la dehesa fría española de la meseta norte aúna ambas características negativas. La producción pascícola se muestra en dos etapas: una otoñal, muy variable interanualmente marcada por el inicio de las lluvias y que finaliza con la llegada de las heladas invernales; y una primaveral, de mayor seguridad y cantidad de forraje, marcada igualmente por la finalización de las heladas, la cantidad y distribución de las lluvias y la llegada de extremo calor a principios de verano. Estaríamos hablando de dos baches productivos seguros, uno en verano y otro en invierno, con un otoño y finales de la primavera “a según”. Eso nos deja con estaciones de pastoreo temporalmente cortas y de poca cantidad de hierba.
Es obvio que los sistemas pensados para pastos perennes, o al menos capaces de rebrotar y dar más de un pastoreo durante la estación benigna no pueden aplicarse. El pastoreo continuo en parcelas es la norma.
Ante estos inconvenientes se han estudiado cuáles son los mejores momentos para hacer los aprovechamientos.
Mientras que decíamos que Voisin sugería seguir la curva de crecimiento ahora nos encontramos que dicha curva se para, en invierno, imposibilitando llegar al punto óptimo. En ese caso, parece que lo más sensato es dejar la hierba que crezca todo lo que pueda, y empezar a aprovecharla justo en el momento en el que empiezan las primeras heladas, cuando el crecimiento del pasto se para y las plantas no acumulan ya más reservas, el posterior rebrote primaveral será más vigoroso. El “cosechado” debería producirse cuando la cantidad es la máxima, la calidad está asegurada dada la juventud del pasto en dichos momentos. ¿Cómo cosechar el pasto en ese momento? Esa es la pregunta. ¿Pastoreo de baja o de alta carga?
Una vez aprovechado ese pasto otoñal nos quedamos con la tierra pelada por el frío, por lo menos hasta el inicio de la primavera cuando el pasto empieza otra vez a crecer gracias al mejoramiento de la temperatura, porque por lo general la humedad es adecuada. Siguiendo la teoría de la curva de crecimiento quizá fuera posible llegar a dos pastoreos, si la estación primaveral se alargara, cosa impensable en otoño. Si así fuera la forma del aprovechamiento podría ser PR sin ningún problema. Pero claro, las lluvias primaverales no son casi nunca abundantes, y por tanto también es probable que nos encontremos con que, tras el primer pastoreo, el pasto no ha podido llegar nuevamente al punto óptimo, y por tanto detiene nuevamente su crecimiento, por falta de agua. Ese sería el momento óptimo. ¿Cómo aprovecharlo?
Con estas directrices habría que establecer un método adecuado de “cosechado” con el rebaño, teniendo en cuenta la escasa cantidad de forraje disponible, las reservas que habría que dejar (quizá sólo en años de lluvias primaverales abundantes), y los distintos tipos de pasto existentes, con diferentes momentos óptimos para su aprovechamiento, momentos que sólo coinciden cuando las heladas empiezan a castigar, ya que en la primavera los pastos se encuentran en estados muy diferentes. Y además ese estado diferente puede modificarse a través del pastoreo. Además habrá que pensar qué comerá el ganado y cómo se realizará tal operación cuando el pasto se acabe, en realidad más de 6 meses al año. No entro en cuestiones reproductivas porque doy por supuesto una concentración de partos no más de 3-4 meses y antes de la primavera, momento de mayor abundancia, cuando la cubrición requiere ganancias de peso de las reproductoras.
No, si la tarea no es nada sencilla. Además no hay que dejar de pensar que las previsiones futuras para la zona: menores lluvias e inviernos más templados. Cosas del cambio climático…
En principio habrá que ver qué es lo que tradicionalmente se hace y qué otros principios pueden aplicarse.
Para disminuir el bache invernal se conoce desde antiguo la posibilidad de los cereales pastados a diente, en especial para zonas frías, el centeno. Las variedades precoces del país darían los mejores resultados, al posibilitar varios aprovechamientos durante la época invernal. Aunque lo más frecuente con ganado vacuno es un aprovechamiento único al inicio de la primavera, antes de que el pasto esté listo. Si la primavera es larga se hace posible un segundo aprovechamiento.
Para disminuir el bache veraniego otra de las medidas tradicionaes es el aprovechamiento de rastrojos, tras la cosechadora. Esta medida tenía su sentido cuando se cultivaban cereales y leguminosas y los restos que dejaban los métodos de siega antiguos eran importantes.
Otra de las medidas clásicas era utilizar sabiamente la distribución de pastizales existentes en la finca. Los majadales de poa bulbosa se pueden comer temprano en el otoño; los vallicares no se agostan hasta bien entrado el verano; y en años buenos además de segar para heno es posible dejar henascos, o pastos secos en pié, que el ganado irá aprovechando a lo largo del año, junto con los brotes nuevos.
Y siempre quedaba la trashumancia. Hoy se suple con forrajes conservados, generalmente heno, henasco en pié, silo o más modernamente paja y pienso, obtenido en los mercados. Esta alimentación suplementaria unida a los pastos secos no consumidos en primavera mantienen al ganado durante los baches veraniegos e invernales.
Estas técnica antiguas han evolucionado hoy a través de la mejora de pastizales y la introducción de cultivos forrajeros. Así en vez de dejar pastos secos para el verano se pueden dejar praderas o cultivos de leguminosas puras, equlibrando la ración veraniega, pastoreo diferido. En vez de centeno para pastoreo inverno-primaveral se puede sustituir por raygrás westerwood, variedad anual del raygrás italiano, de gran rebrote, producción, calidad y resistencia al frío, aunque eso sí, necesitado de abundante agua y fertilización. En vez de segar vallicares se pueden cultivar cereales mezclados con leguminosas o solos, como la veza-avena o el triticale, y así mejorar la eficiencia en el uso del agua y obtener gran cantidad de heno o silo para conservación. Y cómo no: el regadío. La posibilidad de contar con agua en abundancia solucionaría todos los problemas a través de riegos de apoyo a los cereales y praderas de regadío, que en este último caso nos aseguraría como mínimo un buen otoño y una cantidad razonable de heno, segado en primavera.
Es decir, las cosas se complican y mucho.
En los libros de texto hablan de una carga ganadera para las zonas de dehesa de 0,3 UGM/ha para sistemas basados en el aprovechamiento de pastizales en pastoreo continuo sobre una ligera división de las fincas (3-6 cercados). También hablan del óptimo económico entorno a 0,5-0,6 UGM/ha mediante la fertilización, cultivos forrajeros, mejora de parideras, y una correcta suplementación en los períodos de carestía.
Y por último tenemos a D. David Crespo, ingeniero portugués con conocimiento y experiencia internacional que mediante implantación de praderas polifitas permanentes, cercados más pequeños e introducción de pequeños regadío para praderas, en Elvas, Portugal, llega a 0,9 UGM/ha, siendo cercano a la autosuficiencia y la agricultura ecológica. Curiosamente lo mismo que se predica de un pastizal totamente convertido en majadal. Cargas ganaderas medias anuales por supuesto.